Creo que el feminismo tiene razón en que hay una imagen de feminidad impuesta, que no es de corazón o desde un pleno consentimiento entusiasta. Pero creo que se equivoca en que esa imposición no viene solo de los hombres.
Yo he sido imponente. En mi miedo y desesperación por sentirme amado me he presionado a ser deseable, presionando también a otros. Y me han tocado mujeres igualmente imponentes que me jalan a su deseo sin esperar a si es lo que yo realmente quiero.
No creo que es una cuestión de género, sino de amor propio: de amarme y respetarme yo mismo para dejarme ser tal y como soy y así dejar también ser a otros. De enfocarme en lo que yo necesito aunque a otros no les guste porque solo yo soy responsable de mi propia felicidad. Y de aprender a respetar a otros aunque no me guste porque una relación no puede ser sana y sustentable sin dejarnos ser, sin que cada quien ponga su parte por propia y plena voluntad.